jueves, 31 de julio de 2014
sábado, 12 de julio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
III Feria de Ciencias por una cultura solidaria
Lunes 2 de
junio del 2014
Querida comunidad educativa:
Como en los años anteriores próximamente celebraremos
la III Feria de Ciencias por una cultura solidaria. Este año con la diferencia
que se realizará en cada establecimiento educativo siguiendo el siguiente
cronograma:
-Ju 19 de junio: en
Escuela El Ave María primario y secundario.
-Ju 26 de junio: en
Escuela San Pio X inicial y primario.
-Vi 27 de junio: en
Instituto San Pio X secundario.
-Ju 3 de julio: en
Instituto Don Orione.
-Vi 4 de julio: Conferencia
sobre “Argentina bicontinental y la Pampa azul” para 4to, 5to y 6to año de la
escuela secundaria de 8 a 10 hs en el IDO.
La
Feria es la muestra de los trabajos
educativos de nuestras escuelas, pero fieles a la etimología de la palabra
quiere ser también una fiesta educativa,
donde reine la alegría y el compartir fraterno. “Es un lugar de encuentro. Y nosotros hoy
tenemos necesidad de esta cultura del encuentro para conocernos, para amarnos,
para caminar juntos” (Francisco) Se encuentran las familias, los alumnos y
los educadores de la Comunidad Educativa.
Es
una Feria de Ciencias donde
mostramos el corazón de nuestras escuelas, lo esencial de nuestra misión
educativa y el proceso educativo que
llevan adelante educadores y alumnos.
Todas las ciencias participan. La Feria es un “abrir la mente y el
corazón a la realidad”, un mostrar como “cultivamos en nosotros lo verdadero, el bien y lo bello” (Francisco)
Lo
importante es entender que en la Feria mostramos los trabajos que se vienen
realizando durante el año y no que creamos trabajos para mostrar en la Feria.
Mostramos y compartimos el proceso educativo que venimos haciendo en el día a día
de la labor educativa.
Es una Feria
de Ciencias para la Solidaridad. Es solidaria en varios sentidos. Porque
podemos definir a la pedagogía orionita como educación para la solidaridad, y
entonces se entiende que nos hayamos propuesto que el fin de estos trabajos de
ciencias sea solidario; y porque solidario indica una causa común, indica
solidez y firmeza de la comunidad educativa, que a pesar de sus problemas y
fragilidades, se reúne para mostrar lo mejor de sí misma. La solidaridad “supone crear una nueva mentalidad que piense
en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación
de los bienes por parte de algunos” (Francisco).
La
Feria quiere ser un gesto de adhesión filial al Papa por eso se celebra en el
mes de junio, cerca de la fiesta de San Pedro y San Pablo.
La Feria de Ciencias por una cultura solidaria tiene
un objetivo general: Mostrar que se “estudia
para conocer a Dios y poder amarlo mejor; y para conocer las necesidades del
prójimo y poder ayudarlo mejor” (San Luis Orione). Y
un objetivo específico que se renueva cada año. El lema para el 2014 es: “Cuidar la Tierra y
cuidarnos unos a otros…”
Por
último les recordamos que cada Feria será visita por los alumnos de las otras
escuelas y que la visita de los padres se realizará a partir de las 11 hs en el
turno mañana y de las 16 hs en el turno tarde.
Los
saludamos fraternalmente:
Claudia
Rios - Patricia Vega – Mónica De Angellis– Guillermo Chiaradia – Julio Moresi –
Eduardo Candocia– Mariana Castellazzi – Lorena Gomes - Claudio Franzese –
Nicolás Bautovic – Leonardo Moreno
-Equipo de conducción de la Comunidad Educativa
Orionita de Claypole y Varela-
sábado, 17 de mayo de 2014
Francisco habla sobre educación
DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
AL MUNDO DE LA ESCUELA ITALIANA
AL MUNDO DE LA ESCUELA ITALIANA
Plaza de San Pedro
Sábado 10 de mayo de 2014
Sábado 10 de mayo de 2014
Queridos amigos, ¡buenas tardes!
Ante todo os doy las gracias porque habéis realizado una cosa ¡verdaderamente hermosa! Este encuentro es muy bueno: un gran encuentro de la escuela italiana, toda la escuela: chicos y grandes; maestros, personal no docente, alumnos y padres de familia; escuela estatal y no estatal… Doy las gracias al cardenal Bagnasco, al ministro Giannini y a todos los que han colaborado; y estos testimonios, verdaderamente hermosos e importantes. He escuchado muchas cosas bellas, que me han hecho bien. Se ve que esta manifestación no es «contra», es «a favor de». No es una protesta, ¡es una fiesta! Una fiesta por la escuela. Sabemos bien que hay problemas y cosas que no funcionan, lo sabemos. Pero vosotros estáis aquí, nosotros estamos aquí porque amamos la escuela. Digo «nosotros» porque yo amo la escuela, la he amado como alumno, como estudiante y como maestro. Y luego como obispo. En la diócesis de Buenos Aires encontraba a menudo al mundo de la escuela, y hoy os agradezco por haber preparado este encuentro, que sin embargo, no es de Roma sino de toda Italia. Os agradezco mucho por esto. ¡Gracias!
¿Por qué amo la escuela? Voy a probar a decíroslo. Tengo una imagen. He escuchado aquí que no se crece solos y que siempre hay una mirada que te ayuda a crecer. Y tengo la imagen de mi primera maestra, esa mujer, esa maestra que me recibió a los seis años, en el primer grado de la escuela. Nunca la he olvidado. Ella me hizo amar la escuela. Y después fui a visitarla durante toda su vida hasta el momento en que falleció, a los 98 años. Y esta imagen me hace bien. Amo la escuela porque esa mujer me enseñó a amarla. Este es el primer motivo por el que amo la escuela.
Amo la escuela porque es sinónimo de apertura a la realidad. ¡Al menos así debería ser! Pero no siempre logra serlo, y entonces quiere decir que es necesario cambiar un poco el enfoque. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. Y nosotros no tenemos derecho a tener miedo de la realidad. La escuela nos enseña a comprender la realidad. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. ¡Y esto es bellísimo! En los primeros años se aprende a 360 grados, luego poco a poco se profundiza un aspecto y finalmente se especializa. Pero si uno ha aprendido a aprender —este es el secreto ¡aprender a aprender!— esto le queda para siempre, permanece una persona abierta a la realidad. Esto lo enseñaba también un gran educador italiano, que era un sacerdote: don Lorenzo Milani.
Los maestros son los primeros que deben permanecer abiertos a la realidad —he escuchado los testimonios de vuestros maestros; me ha gustado oírlos tan abiertos a la realidad— con la mente siempre abierta a aprender. Porque si un maestro no está abierto a aprender, no es un buen maestro, y ni siquiera es interesante; los muchachos lo perciben, tienen «olfato», y son atraídos por los profesores que tienen un pensamiento abierto, «inconcluso», que buscan «algo más», y así contagian esta actitud a los estudiantes. Este es uno de los motivos por el que amo la escuela.
Otro motivo es que la escuela es un lugar de encuentro. Porque todos nosotros estamos en camino, poniendo en marcha un proceso, realizando un camino. Y he escuchado que la escuela —todos lo hemos escuchado hoy— no es un estacionamiento. Es un lugar de encuentro en el camino. Se encuentra a los compañeros; se encuentra a los maestros; se encuentra al personal asistente. Los padres encuentran a los profesores; el director encuentra a las familias, etcétera. Es un lugar de encuentro. Y nosotros hoy tenemos necesidad de esta cultura del encuentro para conocernos, para amarnos, para caminar juntos. Y esto es fundamental precisamente en la edad del crecimiento, como un complemento a la familia. La familia es el primer núcleo de relaciones: la relación con el padre, la madre y los hermanos es la base, y nos acompaña siempre en la vida. Pero en la escuela nosotros «socializamos»: encontramos personas diferentes a nosotros, diferentes por edad, por cultura, por origen, por capacidades… La escuela es la primera sociedad que integra a la familia. La familia y la escuela jamás van contrapuestas. Son complementarias, y, por lo tanto, es importante que colaboren, en el respeto recíproco. Y las familias de los muchachos de una clase pueden hacer mucho colaborando juntas entre ellas y con los maestros. Esto hace pensar en un proverbio africano muy hermoso: «Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo». Para educar a un muchacho se necesita a mucha gente: familia, maestros, personal no docente, profesores, ¡todos! ¿Os agrada este proverbio africano? ¿Os gusta? Digámoslo juntos: para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo, ¡juntos! Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo. Y pensad en esto.
Y además amo la escuela porque nos educa en lo verdadero, en el bien y en lo bello. Los tres van juntos. La educación no puede ser neutra. O es positiva o es negativa; o enriquece o empobrece; o hace crecer a la persona o la deprime, incluso puede corromperla. Y en la educación es muy importante lo que también hemos escuchado hoy: siempre, es mejor una derrota limpia que una victoria sucia ¡Recordadlo! Esto nos hará bien para la vida. Digámoslo juntos: siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia. ¡Todos juntos! Siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia.
La misión de la escuela es desarrollar el sentido de lo verdadero, el sentido del bien y el sentido de lo bello. Y esto ocurre a través de un camino rico, hecho de muchos «ingredientes». He aquí por qué existen tantas disciplinas. Porque el desarrollo es fruto de diversos elementos que actúan juntos y estimulan la inteligencia, la conciencia, la afectividad, el cuerpo, etcétera. Por ejemplo, si estudio esta plaza, la plaza de San Pedro, aprendo cosas de arquitectura, de historia, de religión, incluso de astronomía. El obelisco recuerda al sol, pero pocos saben que esta plaza es también una gran meridiana.
De esta manera cultivamos en nosotros lo verdadero, el bien y lo bello; y aprendemos que estas tres dimensiones no están jamás separadas, sino siempre entrelazadas. Si una cosa es verdadera, es buena y es bella; si es bella, es buena y es verdadera; y si es buena, es verdadera y es bella. Y estos elementos juntos nos hacen crecer y nos ayudan a amar la vida, incluso cuando estamos mal, también en medio de los problemas. La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida.
Y, por último, quisiera decir que en la escuela no aprendemos solamente conocimientos, contenidos, sino que aprendemos también hábitos y valores. Se educa para conocer muchas cosas, o sea, muchos contenidos importantes, para tener ciertos hábitos y también para asumir los valores. Y esto es muy importante. Os deseo a todos vosotros, padres, maestros, personas que trabajáis en la escuela y estudiantes, un hermoso camino en la escuela, un camino que haga crecer las tres lenguas que una persona madura debe saber hablar: la lengua de la mente, la lengua del corazón y la lengua de las manos. Pero con armonía, es decir, pensar lo que tú sientes y lo que tú haces; sentir bien lo que tú piensas y lo que tú haces; y hacer bien lo que tú piensas y lo que tú sientes. Las tres lenguas, armoniosas y juntas. Gracias una vez más a los organizadores de esta jornada y a todos vosotros que habéis venido. Y por favor... por favor, ¡no nos dejemos robar el amor por la escuela! ¡Gracias!
Ante todo os doy las gracias porque habéis realizado una cosa ¡verdaderamente hermosa! Este encuentro es muy bueno: un gran encuentro de la escuela italiana, toda la escuela: chicos y grandes; maestros, personal no docente, alumnos y padres de familia; escuela estatal y no estatal… Doy las gracias al cardenal Bagnasco, al ministro Giannini y a todos los que han colaborado; y estos testimonios, verdaderamente hermosos e importantes. He escuchado muchas cosas bellas, que me han hecho bien. Se ve que esta manifestación no es «contra», es «a favor de». No es una protesta, ¡es una fiesta! Una fiesta por la escuela. Sabemos bien que hay problemas y cosas que no funcionan, lo sabemos. Pero vosotros estáis aquí, nosotros estamos aquí porque amamos la escuela. Digo «nosotros» porque yo amo la escuela, la he amado como alumno, como estudiante y como maestro. Y luego como obispo. En la diócesis de Buenos Aires encontraba a menudo al mundo de la escuela, y hoy os agradezco por haber preparado este encuentro, que sin embargo, no es de Roma sino de toda Italia. Os agradezco mucho por esto. ¡Gracias!
¿Por qué amo la escuela? Voy a probar a decíroslo. Tengo una imagen. He escuchado aquí que no se crece solos y que siempre hay una mirada que te ayuda a crecer. Y tengo la imagen de mi primera maestra, esa mujer, esa maestra que me recibió a los seis años, en el primer grado de la escuela. Nunca la he olvidado. Ella me hizo amar la escuela. Y después fui a visitarla durante toda su vida hasta el momento en que falleció, a los 98 años. Y esta imagen me hace bien. Amo la escuela porque esa mujer me enseñó a amarla. Este es el primer motivo por el que amo la escuela.
Amo la escuela porque es sinónimo de apertura a la realidad. ¡Al menos así debería ser! Pero no siempre logra serlo, y entonces quiere decir que es necesario cambiar un poco el enfoque. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. Y nosotros no tenemos derecho a tener miedo de la realidad. La escuela nos enseña a comprender la realidad. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. ¡Y esto es bellísimo! En los primeros años se aprende a 360 grados, luego poco a poco se profundiza un aspecto y finalmente se especializa. Pero si uno ha aprendido a aprender —este es el secreto ¡aprender a aprender!— esto le queda para siempre, permanece una persona abierta a la realidad. Esto lo enseñaba también un gran educador italiano, que era un sacerdote: don Lorenzo Milani.
Los maestros son los primeros que deben permanecer abiertos a la realidad —he escuchado los testimonios de vuestros maestros; me ha gustado oírlos tan abiertos a la realidad— con la mente siempre abierta a aprender. Porque si un maestro no está abierto a aprender, no es un buen maestro, y ni siquiera es interesante; los muchachos lo perciben, tienen «olfato», y son atraídos por los profesores que tienen un pensamiento abierto, «inconcluso», que buscan «algo más», y así contagian esta actitud a los estudiantes. Este es uno de los motivos por el que amo la escuela.
Otro motivo es que la escuela es un lugar de encuentro. Porque todos nosotros estamos en camino, poniendo en marcha un proceso, realizando un camino. Y he escuchado que la escuela —todos lo hemos escuchado hoy— no es un estacionamiento. Es un lugar de encuentro en el camino. Se encuentra a los compañeros; se encuentra a los maestros; se encuentra al personal asistente. Los padres encuentran a los profesores; el director encuentra a las familias, etcétera. Es un lugar de encuentro. Y nosotros hoy tenemos necesidad de esta cultura del encuentro para conocernos, para amarnos, para caminar juntos. Y esto es fundamental precisamente en la edad del crecimiento, como un complemento a la familia. La familia es el primer núcleo de relaciones: la relación con el padre, la madre y los hermanos es la base, y nos acompaña siempre en la vida. Pero en la escuela nosotros «socializamos»: encontramos personas diferentes a nosotros, diferentes por edad, por cultura, por origen, por capacidades… La escuela es la primera sociedad que integra a la familia. La familia y la escuela jamás van contrapuestas. Son complementarias, y, por lo tanto, es importante que colaboren, en el respeto recíproco. Y las familias de los muchachos de una clase pueden hacer mucho colaborando juntas entre ellas y con los maestros. Esto hace pensar en un proverbio africano muy hermoso: «Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo». Para educar a un muchacho se necesita a mucha gente: familia, maestros, personal no docente, profesores, ¡todos! ¿Os agrada este proverbio africano? ¿Os gusta? Digámoslo juntos: para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo, ¡juntos! Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo. Y pensad en esto.
Y además amo la escuela porque nos educa en lo verdadero, en el bien y en lo bello. Los tres van juntos. La educación no puede ser neutra. O es positiva o es negativa; o enriquece o empobrece; o hace crecer a la persona o la deprime, incluso puede corromperla. Y en la educación es muy importante lo que también hemos escuchado hoy: siempre, es mejor una derrota limpia que una victoria sucia ¡Recordadlo! Esto nos hará bien para la vida. Digámoslo juntos: siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia. ¡Todos juntos! Siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia.
La misión de la escuela es desarrollar el sentido de lo verdadero, el sentido del bien y el sentido de lo bello. Y esto ocurre a través de un camino rico, hecho de muchos «ingredientes». He aquí por qué existen tantas disciplinas. Porque el desarrollo es fruto de diversos elementos que actúan juntos y estimulan la inteligencia, la conciencia, la afectividad, el cuerpo, etcétera. Por ejemplo, si estudio esta plaza, la plaza de San Pedro, aprendo cosas de arquitectura, de historia, de religión, incluso de astronomía. El obelisco recuerda al sol, pero pocos saben que esta plaza es también una gran meridiana.
De esta manera cultivamos en nosotros lo verdadero, el bien y lo bello; y aprendemos que estas tres dimensiones no están jamás separadas, sino siempre entrelazadas. Si una cosa es verdadera, es buena y es bella; si es bella, es buena y es verdadera; y si es buena, es verdadera y es bella. Y estos elementos juntos nos hacen crecer y nos ayudan a amar la vida, incluso cuando estamos mal, también en medio de los problemas. La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida.
Y, por último, quisiera decir que en la escuela no aprendemos solamente conocimientos, contenidos, sino que aprendemos también hábitos y valores. Se educa para conocer muchas cosas, o sea, muchos contenidos importantes, para tener ciertos hábitos y también para asumir los valores. Y esto es muy importante. Os deseo a todos vosotros, padres, maestros, personas que trabajáis en la escuela y estudiantes, un hermoso camino en la escuela, un camino que haga crecer las tres lenguas que una persona madura debe saber hablar: la lengua de la mente, la lengua del corazón y la lengua de las manos. Pero con armonía, es decir, pensar lo que tú sientes y lo que tú haces; sentir bien lo que tú piensas y lo que tú haces; y hacer bien lo que tú piensas y lo que tú sientes. Las tres lenguas, armoniosas y juntas. Gracias una vez más a los organizadores de esta jornada y a todos vosotros que habéis venido. Y por favor... por favor, ¡no nos dejemos robar el amor por la escuela! ¡Gracias!
jueves, 1 de mayo de 2014
Educar en la ciudad: visita a la Feria del libro 2014
El 1 de mayo del 2014 alumnos y alumnas del Instituto Don Orione de Florencio Varela visitaron al Feria del Libro de Buenos Aires.
sábado, 8 de junio de 2013
sábado, 15 de septiembre de 2012
Vivir humanamente. La comensalidad.
Comensalidad
significa comer y beber juntos alrededor de la misma mesa. Esta es esta
una de las referencias más ancestrales de la familiaridad humana, pues
en ella se hacen y se rehacen continuamente las relaciones que sostienen
la familia.
La mesa, antes que a un mueble, remite a una experiencia existencial y a un rito. Es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegria de encontrarse, el bienestar sin disimulos, la comunión directa que se traduce en los comentarios sin ceremonia de los hechos cotidianos, en las opiniones sin censura de los acontecimientos de la crónica local, nacional e internacional.
Los alimentos son algo más que cosas materiales. Son sacramentos de encuentro y de comunión. El alimento es apreciado y es objeto de comentarios. La mayor alegría de la madre o de quien cocina es notar la satisfacción de los comensales.
Pero debemos reconocer que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo.
La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia. La mesa familiar ha sido sustituída lamentablemente por fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición pero no la comensalidad.
La comensalidad es tan central que está ligada a la propia esencia del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un ancestro común. La especificidad del ser humano surgió de forma misteriosa y de difícil reconstrucción histórica. Sin embargo, etnobiólogos y arqueólogos llaman nuestra atención sobre un hecho singular: cuando nuestros antepasados antropoides salían a recolectar frutos, semillas, caza y peces no comían individualmente lo que conseguían reunir. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí praticaban la comensalidad: distribuían los alimentos entre ellos y los comían grupal y comunitariamente.
Por lo tanto, la comensalidad, que supone la solidaridad y la cooperación de unos con otros, permitió el primer salto de la animalidad en dirección a la humanidad. Fue sólo un primerísimo paso, pero decisivo, porque le cupo inaugurar la característica básica de la especie humana, diferente de otras especies complejas (entre los chimpancés y nosotros hay solamente un 1,6% de diferencia genética): la comensalidad, la solidaridad y la cooperación en el acto de comer. Y esa pequeña diferencia hace toda una diferencia.
Esa comensalidad que ayer nos hizo humanos, continúa hoy haciéndonos de nuevo humanos siempre. Por eso, importa reservar tiempos para la mesa en su sentido pleno de la comensalidad y de la conversación libre y desinteresada. Ella es una de las fuentes permanentes de renovación de la humanidad hoy globalmente anémica. (Leonardo Boff)
La mesa, antes que a un mueble, remite a una experiencia existencial y a un rito. Es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegria de encontrarse, el bienestar sin disimulos, la comunión directa que se traduce en los comentarios sin ceremonia de los hechos cotidianos, en las opiniones sin censura de los acontecimientos de la crónica local, nacional e internacional.
Los alimentos son algo más que cosas materiales. Son sacramentos de encuentro y de comunión. El alimento es apreciado y es objeto de comentarios. La mayor alegría de la madre o de quien cocina es notar la satisfacción de los comensales.
Pero debemos reconocer que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo.
La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia. La mesa familiar ha sido sustituída lamentablemente por fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición pero no la comensalidad.
La comensalidad es tan central que está ligada a la propia esencia del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años habría comenzado la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un ancestro común. La especificidad del ser humano surgió de forma misteriosa y de difícil reconstrucción histórica. Sin embargo, etnobiólogos y arqueólogos llaman nuestra atención sobre un hecho singular: cuando nuestros antepasados antropoides salían a recolectar frutos, semillas, caza y peces no comían individualmente lo que conseguían reunir. Tomaban los alimentos y los llevaban al grupo. Y ahí praticaban la comensalidad: distribuían los alimentos entre ellos y los comían grupal y comunitariamente.
Por lo tanto, la comensalidad, que supone la solidaridad y la cooperación de unos con otros, permitió el primer salto de la animalidad en dirección a la humanidad. Fue sólo un primerísimo paso, pero decisivo, porque le cupo inaugurar la característica básica de la especie humana, diferente de otras especies complejas (entre los chimpancés y nosotros hay solamente un 1,6% de diferencia genética): la comensalidad, la solidaridad y la cooperación en el acto de comer. Y esa pequeña diferencia hace toda una diferencia.
Esa comensalidad que ayer nos hizo humanos, continúa hoy haciéndonos de nuevo humanos siempre. Por eso, importa reservar tiempos para la mesa en su sentido pleno de la comensalidad y de la conversación libre y desinteresada. Ella es una de las fuentes permanentes de renovación de la humanidad hoy globalmente anémica. (Leonardo Boff)
sábado, 4 de agosto de 2012
Semana de la Educación Solidaria 2012
Educación Solidaria en la Comunidad Educativa
Orionita
de Claypole - Varela
El aniversario de la llegada del Corazón de San
Luis Orione (29 de agosto), el día Nacional de la Solidaridad en recuerdo de la
Madre Teresa (26 de agosto) y el día
internacional de la solidaridad de la ONU (31 de agosto) nos dan la oportunidad
de profundizar la dimensión solidaria de nuestra vida y de nuestra labor
educativa.
El 26 de Agosto como día Nacional de la Solidaridad se instituyó
tomando como fecha simbólica el nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. La
propuesta fue promover la solidaridad, la responsabilidad social y la
participación ciudadana
La proclamación del 31 de agosto como Día
Internacional de la Solidaridad, coincide con el aniversario del inicio del
movimiento “Solidaridad” fundado en Polonia, cuya importancia mundial fue
reconocida, en particular con la concesión del Premio Nobel de la Paz a su
legendario dirigente Lech Walesa, y que contribuyó a atraer la atención de los
pueblos de todos los continentes hacia la importancia creciente de la
solidaridad como valor fundamental de las relaciones entre los individuos, los
pueblos y las naciones.
Entender la solidaridad no como un sentimiento
superficial y vago por los males que sufren las personas cercanas y lejanas. Al
contrario, es la determinación firme y perseverante de trabajar por el bien
común, es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos de verdad
responsables de todos.
Un nuevo aniversario de la llegada de la reliquia
del corazón de san Luis Orione y la cercanía al Santuario es para los
educadores de Claypole y Varela una oportunidad para pedir un corazón que
desborde de pedagogía orionita: un
corazón donde aprender nos impulse a servir y servir nos enseñe.
Algunas actividades de la semana:
Los días 23 y 24 de agosto un grupo de educadores participarán del 15º
SEMINARIO INTERNACIONAL“APRENDIZAJE Y
SERVICIO SOLIDARIO” organizado por CLAYSS con apoyo del Ministerio de
Educación Nacional y la OEI, en el
Salón de Usos Múltiples de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
de Buenos Aires. Esperamos compartir todo lo aprendido en cada una de nuestras
escuelas.
El Martes 28 realizaremos un Torneo Deportivo con los alumnos 6to
grado de las Escuelas primarias del Pio X, El Ave María, san Vicente de Paul en
el Instituto Don Orione.
El
Miércoles 29 de agosto: Aniversario de la llegada de la reliquia del corazón de
Don Orione a Claypole: a las 8 hs: Peregrinación de
los alumnos de 1er año del Instituto Don Orione, del Instituto San Pio X y de
la Escuela El Ave María con sus familias al Santuario; a las 9 hs Misa en el
Santuario.
Durante
la semana las escuelas realizarán distintas celebraciones e iniciativas
solidarias.
Los saludamos
fraternalmente
Prof. Nicolás Bautovic R.P. Prof.
Leonardo R. Moreno
Representante legal laico Representante
legal religioso
sábado, 9 de junio de 2012
I Feria de Ciencias Solidarias
“EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ”
Del 25 al 29 de junio del 2012 en el Instituto Don Orione
Con motivo del 65° aniversario del Instituto
Don Orione realizaremos la I Feria de
Ciencias Solidarias entre los días 25 y 29 de junio en el horario de 8.30 a
11.30 hs.
A lo largo de la semana participaran alumnos
de la Escuela San Pio X, nivel inicial, primario y secundario, de la Escuela El
Ave María, nivel primario y secundario, de la Escuela Especial del Cottoelngo
Don Orione y del Instituto Don Orione, nivel secundario.
La Feria de Ciencias Solidarias es una
muestra pública de proyectos y trabajos de las distintas áreas de la curricula
escolar, con aportes originales realizados por los alumnos y alumnas con la orientación
de docentes. Es un espacio de encuentro,
reflexión e inclusión.
Durante la realización de la Feria, los
alumnos expositores presentan sus proyectos, efectúan demostraciones, ofrecen
explicaciones y contestan preguntas sobre la metodología utilizada y las
conclusiones arribadas al público visitante.
La Feria
de Ciencias Solidarias se propone principalmente:
-lograr
un proceso de intercambio de conocimiento y un aprendizaje social a partir de
las experiencias y el saber del otro como complemento de los saberes propios,
-mostrar
a la comunidad que el rol fundamental de la escuela es el proceso de enseñanza,
estudio y aprendizaje,
-incluir
didácticas activas que entusiasmen a docentes y alumnos,
-descubrir
la dimensión solidaria de los diversos aprendizajes como clave de la pedagogía
orionita,
-impulsar
la formación de sujetos con capacidad crítica, creativa y solidaria,
-fortalecer
la fraternidad entre los distintos miembros de la comunidad educativa
En el
acto de apertura del día lunes 25 de junio a las 9 hs descubriremos una placa en honor del R.P.
Nicolás Rosatto, FDP. En el laboratorio de la escuela.
Sra. Patricia Vega, directora y Sr. Julio Moresi,
director
Coordinadores de la
Feria de Ciencias Solidarias
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